Por Benjamín Ordaz Barrachina, escritor porteño.

(Publicado en La Gaceta DNC, 4 de marzo de 2011).- Leo en LA GACETA DNC que, en una muestra global compuesta por 600 encuestados (400 del Puerto y 200 de Sagunto), sólo el 37% estaría en contra de un Ayuntamiento propio para el Puerto. La encuesta muestra la opinión de quienes confirman su adscripción política y manifiestan el grado de sus deseos para que el Puerto tenga un Ayuntamiento propio.

Aunque desconozco los cálculos que se han debido hacer para establecer la significación de los porcentajes y los niveles de confianza que se han debido obtener para fundamentar los resultados estadísticos, me pregunto sí, a la vista de tales resultados, podemos concluir con una generalización: “En el Puerto, quienes están más cerca del Proyecto de un Consistorio propio son, además de Segregación Porteña, el PP y EU. Mientras que, por contra, en la lista de los que menos lo desean, están el Bloc en primer lugar, y el PSOE en segundo lugar”
Detrás de estos datos empíricos, es obvio que podemos seguir interpretando, como corolario, que en el Puerto existe un claro y evidente sentido de identidad autonómica porteña, aunque, a la hora de votar, otro tipo de prejuicios determina que algunos favorezcan a otras organizaciones políticas distintas de la opción que ofrece Segregación Porteña.

Las identidades, lo sé, van evolucionando a lo largo de la vida y en algunos casos tardan en acrisolarse. Conozco a muchos que manifiestan estar orgullosos de sentirse porteños por los cuatro costados, pero…

Los porteños, pienso yo, no son “portosaguntinos”, que es un eufemismo que alguien ha utilizado de forma bienintencionada, pero que corre el riesgo de ser interpretado como un encubrimiento de un feudalismo municipal de quienes siempre se opusieron a que los del Puerto llegasen a ser algo más que “los del moll” (los del muelle), “los de la nella” (los esclavos que llevan la anilla), y tampoco, ahora, quieren perder la batalla de la emancipación municipal.

El Puerto asiste preocupado a una respuesta por parte de la Administración a sus deseos de lograr un Consistorio propio e independiente de Sagunto con toda su corta, pero singular e intensa historia a sus espaldas. Ignoro los motivos profundos que tienen algunos para ponerse en contra de este gran proyecto que permitiría enaltecer y dignificar la intrahistoria del pueblo, cuando ya tantas veces se ha insistido machaconamente en esa misma dirección de independencia.

Sagunto es una ciudad orgullosa de su pasado, de su heroica defensa frente a los ejércitos cartagineses de Aníbal Barca, de su viejo y enigmático Castillo, de su héroe guerrillero Romeu y del insigne y gran maestro de música Joaquín Rodrigo, que los porteños admiran y respetan con educación. Pero Sagunto, esa ciudad histórica, una de las más heroicas y antiguas de España, está protegida ahora por un posicionamiento y una actitud política imperante de difícil arreglo, cuando ella debe, paradójicamente, fama inmortal a su lucha, a su rebelión y a su sentido de independencia ante otros pueblos que han querido conquistarla, sojuzgarla y difamarla.

El Puerto apunta decididamente con férrea voluntad hacia esa misma independencia desde la modernidad, con un espíritu joven y emprendedor. En su corta historia, ha sido una ciudad-factoría al amparo de la Fábrica de Altos Hornos, Sierra Menera y Ferroland, en donde los trabajadores se dejaron la piel… y unos cuantos la vida. Sus hijos fueron la sabia bruta que luego hizo que fructificase en sus vástagos. Ellos fueron el hierro del que, con el ejemplo sublime de sus padres, salió el mejor acero, surgiendo una generación de ingenieros, médicos, abogados, licenciados, maestros y, también, de deportistas extraordinarios y trabajadores y sindicalistas honestos. Es un pueblo que, por estar sociológica y psicológicamente bien estructurado, está orgulloso de sus hijos.

Cerca del 75 por ciento de los porteños, un porcentaje notable que se infiere de la encuesta, verían con muy buenos ojos que su pueblo tuviese un Ayuntamiento propio. Razones más que justificadas de antropología social, de índole pragmático y, sobre todo, de voluntad decidida, comparten los fundamentos del movimiento segregacionista porteño al que estúpida e incomprensiblemente se le tacha desde otras instancias políticas de ser sólo la manifestación de un sueño nostálgico y de un sentimiento corto de miras. Tiene el Puerto un carácter de rebeldía que muchas veces ha dejado de ser latente para hacerse oportunamente manifiesto en defensa de sus derechos más fundamentales: el trabajo, la salud, la libertad individual y su independencia municipal.

Manda en España el interés de los partidos políticos nacionales y el interés personal en aquellos que, salvo honrosísimas excepciones, proclaman la libertad colectiva impuesta y sólo quieren hacer carrera en su partido, pensando en el bienestar de los suyos y en el de sus familias. Pero también mandan otras cosas: los valores, el orgullo, la dignidad y la libertad individual que es antes que cualquier forma de libertad colectiva impuesta. Por eso parece más que respetable el derecho limpio e individual que asiste a quienes poseen la confianza en sí mismos y quieren coger el timón de su propio barco para elegir a donde quieren ir.

Como porteños, son muchos los que quieren seguir sintiéndose hermanos de los saguntinos, de los valencianos y de los españoles. Pero esos mismos porteños amantes del Puerto, aunque apuesten siempre por esa armónica convivencia, desean ante todo la independencia municipal. Piénsenlo mejor los partidos políticos y las autoridades de la nación. Voten en las próximas elecciones municipales los saguntinos y los porteños. Y que sea lo que Dios quiera.