El Tribunal Supremo ha remitido una sentencia en relación con el primer expediente de segregación, desestimando el recurso de casación interpuesto por IP a finales de 2008

La venda que cubre los ojos de la Justicia parece que, además de no dejar ver, también produce el efecto a quien la lleva de no querer enterarse.

El Tribunal Supremo no ha querido entrar a discutir si a SP se le denegaron pruebas injustamente por el TSJCV, puesto que desde Madrid declaran formalmente que existe una unión física entre Sagunto y El Puerto. A los magistrados del Supremo no les ha importado otra cosa que atender a las falacias introducidas en el expediente por los funcionarios municipales que afirmaron y certificaron esa unión física, a todas luces inexistente. Pero si ello es gravísimo, y acreditativo de una total y absoluta falta de sensibilidad de preocuparse por el trabajo bien hecho, más lo es la afirmación que, a modo de cubrirse la espalda, efectúan en la sentencia diciendo que «si no está unido ya, lo estará en el futuro». Entonces, ¿está o no está?

Medicina preventiva ésta que recuerda y rememora aquella de la dictadura contenida en la Ley de Peligrosidad Social, con la que se castigaba no por lo que se había hecho, sino por lo que una persona se le suponía que podía hacer en un futuro. Pese a este disparate jurídico, bien se cuida el Supremo que no decir en cuántos años debe cumplirse su visionaria unidad física, ni tampoco si en esos años se deben contar los noventa ya transcurridos desde que se inventase aquello de la «ciudad lineal», que ni se ha cumplido ni se cumplirá. Basan su resolución en algo que ocurrirá o no ocurrirá, que se hará en doscientos años o que no se hará. Y se quedan tan a gusto.

Si los magistrados del Supremo y quienes los hayan alentado a ello piensan que con esta sentencia van borrar las ansias de libertad, están muy equivocados. Posiblemente, lo único que han hecho es abrir la caja de Pandora; y lo único que pueden encontrar a partir de ahora es un cambio y un endurecimiento de las estrategias, puesto que cuando desde la Administración imponen, con artimañas y tergiversaciones, la razón de la fuerza y luego la bendicen los tribunales, te obligan a descubrir que no valen medias tintas ni buenas caras. Posiblemente esta sentencia, sin perjuicio de lo que más adelante diga el Tribunal Constitucional, marque un antes y un después en lo que hasta ahora siempre se ha pretendido de que el proceso de segregación fuese lo más negociado y apacible posible, un proceso en el que no se perjudicase a nadie.

Junta Directiva de Iniciativa Porteña