Las históricas palmeras de la rotonda de la calle Palmereta con Tres de Abril sufren el ataque del picudo rojo. Y decimos históricas porque estas palmeras nonagenarias proceden del jardín del chalet situado en la avenida Mediterráneo que fue propiedad de Antonio Aznar y Candela —administrador de la Compañía Siderúrgica del Medite- rráneo—, construido en 1923 e incluido en el catálogo de bienes protegidos, todavía por aprobar.

La voz de alarma fue dada por nuestro concejal Sergio Paz hace unos días, y a principios de semana los servicios de jardinería del Ayuntamiento realizaron trabajos de saneamiento mecánico y tratamiento insecticida en los dos ejemplares. Hasta la fecha, en la ciudad de El Puerto tan sólo había aparecido un ejemplar infectado —que fue saneado y hoy día se recupera favorablemente— en la plaza de La Marina, por lo que se mantenía como un núcleo relativamente «libre» de picudo.

Anteriormente, también fue nuestro concejal el que dio la voz de alarma de otra majestuosa palmera que crece en medio de la plaza «de los Jóvenes», zona en la que se ha localizado otro ejemplar afectado, mucho más joven, en un chalet particular. La primera fue saneada inmediatamente; pero la otra, con la nueva política que lleva a cabo la concejalía de Medio Ambiente, está sujeta a la voluntad del propietario, ya que el Consistorio decidió pasar factura de los servicios de saneamiento de palmeras a los particulares, y si el propietario decide no hacer nada, su palmera se convierte en un foco de infección para el resto de palmeras de la población, sean públicas o privadas.

Así pues, tenemos en casa esta terrible plaga que puede arrasar con nuestro valioso patrimonio vegetal. La Palmereta queda, literalmente, a tiro de piedra del palmeral de la Gerencia, zona patrimonial de gran valor que vería peligrar su integridad. De hecho, todo el recinto de la ciudad-jardín, por su indudable valor, debería ser objeto de un plan especial de protección contra esta terrible plaga, utilizando todos los medios técnicos y humanos para salvaguardarlo.

Porque el picudo, como todas las plagas, no conoce fronteras y pasa con facilidad de los jardines públicos a los privados y viceversa. Así que con la nueva política que reduce el control de la plaga a un solo ámbito, sin duda alguna se dificultará su erradicación, si no se ve abocado todo el trabajo al fracaso.