Por Enrique Latorre Gabaldón

El próximo 6 de octubre se cumplirán 26 años desde que en 1984 se produjo el cierre de los «Altos Hornos» y acto seguido se llevó a cabo la fulminante demolición de casi la totalidad de sus instalaciones y la venta, a precio de chatarra, de todo tipo de maquinaria, aparatos, estructuras, etc. Algunas de ellas, piezas prácticamente únicas, de valor arqueológico industrial incalculable, que hubieran incrementado enorme- mente el prestigio de nuestro patrimonio y el interés por conocerlo. Daba la impresión de que las «altas esferas» tenían prisa en que desapareciera lo más rápidamente posible todo rastro de la Siderúrgica y de su injusto cierre, aprovechando sin duda el estado de frustración y abatimiento en que quedaron sumidos los trabajadores y toda la población en general, tras la larga y desigual lucha mantenida frente a los poderes públicos por la perma- nencia de la Siderúrgica Integral.

Una de las pocas instalaciones que se salvó de la «quema» fue el Horno Alto nº 2 del que tras muchas vicisitudes, se está terminado su restauración y creemos que pronto será inaugurado como monumento señero de nuestro Patri- monio Industrial.

Por ello, aunque llega con muchos años de retraso, aunque ha pasado toda una generación que solamente lo ha visto en estado de ruina o en obras, y que más de la tercera parte de la actual población del Puerto no ha conocido «la Fábrica», esperamos con gran alegría esta «pronta reinauguración» del Horno Alto nº 2 y le dedico emocionado estos versos, personificando en él a todas las instalaciones fabriles del Puerto y, especialmente, a todos los trabajadores de Altos Hornos y de Menera, así como a todas las personas que vinieron de cualquier lugar de España para instalarse aquí con sus familias a empezar una nueva vida.

Horno Alto nº 2

Alto horno, horno alto,
enhiesta torre de acero,
laberinto de estructuras
y de tubos gigantescos
que brotando de tu tronco,
inmenso, robusto y recio,
como brazos de un atlante
se levantan hacia el cielo.

En tu vientre colosal,
del mineral de Ojos Negros,
obteníase el arrabio,
fundido caudal de hierro,
con carbón, fuego y sudor,
con fatiga, con esfuerzo
y hasta a veces con la vida
de los osados obreros,
esforzados a la fuerza,
«Vulcanos» de carne y hueso,
que a diario se la jugaban
en la boca de tu infierno.

Fuiste faro que guió
a las gentes de mi pueblo
que acudieron atraídos
por el afán del sustento
que permitiera a sus hijos,
en libertad y progreso,
disfrutar de mejor vida
que tuvieron sus ancestros.

Fuiste factor esencial
en el origen del Puerto,
pueblo joven, inmigrante,
cosmopolita y abierto,
trabajador, solidario,
pacífico pero inquieto
y luchador incansable
defendiendo sus derechos.

Alto horno, horno alto,
reliquia de humano ingenio.
Ayer motor de la industria,
hoy singular monumento.
Joya de la siderurgia,
estandarte de recuerdos,
testigo de nuestra historia
y símbolo de este pueblo.

Y cuando digo Alto Horno
no sólo a ti me refiero,
incluyo a SIERRA MENERA
que fue primera en el tiempo,
a toda la SIDERÚRGICA,
y a los técnicos y obreros
que desde hace más de un siglo
de toda España vinieron,
y al asentar sus raíces
en esta tierra de ensueño,
estaban haciendo HISTORIA,
estaban fundando EL PUERTO.

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