► El Colegio de Ingenieros trabaja en un inventario de las supervivientes del origen fabril valenciano. ► Los aledaños del jardín del Turia de Valencia concentran varias chimeneas de viejas áreas industriales.

De ‘Las Provincias’

Marina Costa, Valencia. Son las últimas supervivientes de los albores de la industrialización valenciana a comienzos del siglo XX. Parte de esa historia sigue mirando al cielo y salpica en vertical paisajes urbanos, jardines y plazas. Un rescate a tiempo ha podido salvarlas de la extinción en algunos casos. Otras, en cambio, han perdido la batalla del tiempo.

En la ciudad de Valencia «más de la mitad de estas estructuras ya han desparecido. Sin embargo, yo he podido catalogar y clasificar más de treinta, una por una». Manuel Albiñana Guillem lleva veinte años fotografiando estos últimos ejemplos estilizados de industria valenciana para preservar su memoria.

A finales del XIX y principios del XX, las fundiciones de hierro y los ‘rajolars’ echaban humo en la capital del Turia y en muchas poblaciones de la provincia de Valencia. Las fábricas de fundición de cobre o hierro llevaban todas chimenea de serie. Pero también funcionaban alcoholeras, harineras y fábricas metalúrgicas. Las necesidades de agua sitúan la mayoría en lugares próximos a ríos y acequias.

Al rescate de estos últimos testigos de la arqueología industrial ha salido el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Comunidad Valenciana con la puesta en marcha de un proyecto de catalogación de chimeneas industriales de Valencia, en colaboración con el Instituto Tecnológico de la Construcción (Aidico).

El objetivo es identificar qué tipo de actividad se desarrolló junto a cada una de ellas, «recopilar los datos más representativos y mostrarlos en una placa conmemorativa que se colocará in situ», según destacan en la entidad.

La comisión de Patrimonio Industrial del Colegio cuenta con otras líneas de trabajo como es el impulso para la recuperación del complejo industrial de Macosa, localizado en la calle San Vicente Mártir, y la creación de una red de museos industriales de la Comunitat Valenciana, en colaboración con la Conselleria de Cultura.

Estos primeros pasos se centran en salvaguardar parte del embrión del despegue metalúrgico valenciano, junto con Unión Naval y los Altos Hornos de Puerto de Sagunto.

Dentro de este complejo pervive la «nave de los cuchillos», que recibe el nombre por su cubierta en forma de dientes de sierra. Una de las primera fábricas levantadas en Valencia volverá a renacer, gracias al impulso de la llegada del AVE y el futuro Parque Central. Junto a la Estación del Norte, de hecho, ya se ha rehabilitado una de las seis naves de talleres ferroviarias para albergar la Cátedra Demetrio Ribes, junto a actividades culturales y salas de exposiciones.

Protección

La Ley de Patrimonio Valenciano protege las chimeneas anteriores a 1940 como de Bien de Relevancia Local (BRL). El problema es que «muchas desaparecen antes, especialmente durante los años sesenta cuando se rehacen fábricas y los solares en los que se asentaban se van urbanizando. Actualmente en Valencia se pueden encontrar más de 60 chimeneas», destaca Jesús Huguet, secretario del Consell Valencià de Cultura (CVC), entidad que reclama la preservación de esta huella industrial.

El proceso de fabricación de chimeneas fue también bastante tardío y, así, «durante los cincuenta todavía se realizaban estas construcciones. En los barrios del Carmen y en las áreas próximas al río, así como en Patraix, la industria y la artesanía concentraban muchos de estos excelentes ejemplos arquitec- tónicos», subraya Huguet.

Las antiguas naves de madera la Cros, una de las joyas de arqueología industrial, también han estado a punto de perecer pero finalmente resurgirán de su deterioro con la reforma de una de las fábricas, gracias a la inversión estatal para destinarla a un polideportivo. En las cercanías, una estructura de hormigón albergará una iglesia.

Pese a la increíble resistencia de muchas de las chimeneas que han sobrevivido a sus fábricas, por los excelentes métodos constructivos empleados en aquel tiempo, el desarrollo urbanístico ha acabado sentenciando numerosos ejemplos.

Albal perdió el año pasado su última chimenea industrial cuando la empresa que debía urbanizar el solar decidió retirarla en su totalidad (el proyecto preveía mantener al menos la mitad, según fuentes municipales). Se explicó que existía «un peligro de derrumbe, ya que se tambaleaba los días de viento».

Lo cierto es que esta actuación acabó con la apertura, por parte del Ayuntamiento, de un expediente informativo para aclarar lo sucedido. «Se podría haber reconstruido. Mi padre trabajó en esa chimenea que se construyó por 1927 y cuando se terminó se subió a lo más alto, empinó un botijo y bebió un trago de vino para bautizarla», explica Pascual Cánovas, antiguo propietario del ‘rajolar’.

Otras chimeneas han corrido mejor suerte. Numerosas fábricas de ladrillo se asentaban en localidades próximas como Aldaia y en este municipio un convenio permitirá rehabilitar seis de elementos constructivos del siglo XX. El Ayuntamiento firmó el año pasado un convenio con el Instituto Tecnológico de la Construcción para elaborar un estudio histórico y técnico de todas ellas. Estas chimeneas es lo que queda de las antiguas fabricas de ladrillo de Aldaia que antaño hicieron de la localidad uno de los centros productores de ladrillo más importantes de la Comunitat Valenciana.

Las seis chimeneas están protegidas en el Plan General de Ordenación Urbana de Aldaia como patrimonio arquitectónico local, el primer paso para declararlas Bien Inmueble de Relevancia Local.

Este proyecto desarrollará una investigación exhaustiva de documentación histórica y de ensayos técnicos de instrumentación y monitorización de las chimeneas antes de acometer la restauración.

Otro ejemplo de conservación de patrimonio se está desarrollando en el corazón de lo que fue la industria siderúrgica de Altos Hornos de Puerto de Sagunto.

Más de 24.000 kilos de antiguas vías de tren, procedentes de Alicante, llegaron hace unos meses para recuperar un tramo ferroviario que cruzaba la fábrica. Un itinerario turístico de raíl, con cambio de aguja, que realizará una antigua locomotora a vapor de los años cuarenta, recientemente recuperada, formara parte del conjunto patrimonial industrial que se podrá visitar dentro de poco.

Este trayecto conectará el último Alto Horno que queda en pie de la fundición y que ya ha sido restaurado con el futuro Museo Industrial (la antigua nave de efectos y respuestos).

Este itinerario turístico será el primero que se ponga en marcha en España y permitirá a los visitantes recorrer estas instalaciones como hacían los obreros hace más de setenta años.

«El recorrido permitirá rodear el perímetro del Alto Horno y disfrutar del patrimonio industrial desde un punto de vista diferente», explica el presidente de la Fundación para la Protección del Patrimonio Histórico e Industrial de Sagunto, Juan Vicente Beltrán.

La historia industrial de Puerto de Sagunto contará con un espacio museístico para grandes máquinas siderúrgicas y ferro- viarias como vagonetas de los años veinte. Una sala de restauración de piezas que podrán aportar vecinos y entidades se completará con un paseo arqueológico al aire libre que mostrará máquinas re- cuperadas por toda España. Todo para que esta memoria industrial no se olvide.

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